Apolos predicó con la mitad de la historia — y Dios lo usó así
Por qué la preparación perfecta es un mito y cómo Dios te capacita mientras caminas, no antes de empezar.
Imagina una sinagoga en Éfeso, hacia el año 52 de nuestra era.
Un hombre joven está hablando. Es elocuente — la palabra que usa Lucas para describirlo, en griego, sugiere que era un orador entrenado, alguien capaz de sostener una sala. La gente lo escucha. Sabe lo que dice. Conoce las Escrituras hebreas con detalle. Habla con intensidad, con convicción, con autoridad.
Y lo que está predicando es incompleto.
No incorrecto en lo esencial. Incompleto. Le falta una parte central de la historia. La parte más importante, de hecho.
Este hombre se llama Apolos. Lucas dedica cinco versículos del libro de los Hechos a contarnos quién era, qué hacía, y qué pasó con él. Y lo que pasó con él es uno de los relatos más liberadores del Nuevo Testamento para cualquiera que esté esperando "estar listo" antes de empezar.
Quién era Apolos
Apolos era de Alejandría. Eso no es un dato decorativo.
Alejandría, en el siglo primero, era la segunda ciudad más importante del Imperio Romano después de la propia Roma. Tenía la biblioteca más grande del mundo conocido. Era el centro intelectual del judaísmo de habla griega. Allí se había traducido el Antiguo Testamento al griego — la versión Septuaginta — y allí enseñaba la escuela filosófica más sofisticada del mundo judío de entonces.
