La trampa de la religiosidad fanática y el verso “Buscad primero el reino de Dios”
El problema nunca ha sido el verso en sí, sino cómo se usa para justificar pasividad. Jesús dijo: “Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (Mateo 6:33). Muchos lo repiten como si fuera una fórmula mágica para evitar el esfuerzo. Pero si entendemos el contexto, vemos que la intención de Jesús era totalmente distinta.
La audiencia que lo escuchaba llevaba más de mil años viviendo bajo la ley de Moisés, que enseñaba que la obediencia traía recompensas materiales: cosechas abundantes, ganado sano, tierras fértiles, victoria sobre los enemigos (Deuteronomio 28). En esa cultura, riqueza equivalía a favor divino y pobreza a castigo de Dios. Era una forma de pensar grabada en sus mentes por generaciones.
Por eso Jesús tuvo que romper con esa mentalidad. Les estaba diciendo: “No se obsesionen con la comida, la ropa ni lo material, porque Dios ya conoce sus necesidades. Busquen primero su reino y su justicia”. En otras palabras: su valor no se mide por lo que poseen ni por la cuenta bancaria. Lo que realmente importa es vivir conforme a la justicia y el amor de Dios.
Comparar esa audiencia del siglo I con nosotros hoy sería un error. Ellos no tenían la conexión directa que ahora tenemos en el nuevo pacto. No podían relacionarse con Dios como tú y yo podemos hacerlo hoy, a través de Cristo. Por eso, tomar este verso fuera de contexto para justificar conformismo es repetir la misma ignorancia que Jesús vino a desmantelar.
Además, seamos lógicos: no tiene sentido afirmar que se está “buscando el reino” solo porque alguien se congrega, lee, predica o sirve, mientras vive en constante escasez de recursos o limitado de tiempo. ¿Dónde está entonces la añadidura que Jesús prometió? Si la vida entera refleja carencia sin fruto, eso no prueba que ya encontraron el reino, sino todo lo contrario. Significa que aún no lo han entendido ni aplicado, aunque piensen que sí.