El pecado: más que una etiqueta religiosa
cuando “pecado” se convierte en arma
Hoy en día vemos cómo la palabra pecado se ha convertido en una de las armas más usadas para condenar, juzgar y justificar el rechazo.
En muchos púlpitos y comunidades religiosas se marcan fronteras rígidas entre los “espirituales” y los “pecadores”, creando un muro que separa en lugar de sanar.
Ejemplos sobran:
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Llaman pecador al que vive en unión libre.
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Condenan al que no se congrega tres veces por semana.
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Señalan al que baila o comparte una copa con amigos sin emborracharse.
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Tildan de mundano al que disfruta una película de acción o suspenso.
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Marginan a quien cuestiona la doctrina de su líder o la estructura de su iglesia.
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Y, por supuesto, levantan el dedo acusador contra cualquiera que no diezme fielmente.
Así, lo que la Biblia describe como errar el blanco del propósito de Dios se ha reducido a una lista de prohibiciones humanas que generan culpa, miedo y división.
👉🏻 El resultado es que muchos no entienden qué es el pecado en realidad, porque se les ha enseñado más a temer al juicio del hombre que a vivir en la gracia y la verdad de Dios.