Manipulación religiosa en la pareja: cuando se usa a Dios para controlar
Hay algo más peligroso que una relación con problemas.
Una relación donde los problemas no se pueden hablar porque cada conversación incómoda termina en el nombre de Dios.
En el artículo anterior dejamos preguntas abiertas.
No para incomodar la fe, sino para madurarla.
Si aún no lo has leído, te recomiendo hacerlo antes de continuar, porque lo que sigue no empieza aquí… empieza allá.
Hablamos de cómo algunas cosas no se sanan con respuestas rápidas,
sino cuando dejamos de huir de ellas.
Y entre esas preguntas quedaron varias sobre relaciones sentimentales.
Hoy no venimos a fabricar respuestas cómodas.
Venimos a mirar lo que suele esconderse detrás del lenguaje religioso.
Porque cuando la espiritulidad religiosa no ordena la manera en que amamos, termina desordenando el entorno y todo lo que toca.
Y hay algo que pasa en silencio dentro de muchas relaciones religiosas:
Dios empieza a aparecer en cada conversación difícil.
No como guía.
Sino como excusa.
Frases como:
– “No cuestionemos, oremos.”
– “Dios va a arreglarlo.”
– “No es el tiempo de Dios.”
– “Si dudas, es falta de fe.”
Suenan espirituales.
Pero ¿qué ocurre cuando se usan para evitar hablar de los problemas reales?
¿Qué pasa cuando Dios deja de ser dirección… y se convierte en mecanismo de control?