Jesús no vino a fundar una religión
Hay una pregunta que casi nunca se hace en voz alta, porque genera incomodidad, sospecha o miedo. No porque sea falsa, sino porque toca la base de muchas estructuras espirituales modernas.
La pregunta es simple:
¿Jesús vino a fundar una religión o a revelar una forma de vida?
No es una pregunta atea.
No es anticristiana.
No es rebelde por moda.
Es una pregunta bíblica, histórica y honesta.
Porque cuando uno se sienta a leer los evangelios con calma —sin prisa, sin defensas, sin el filtro de “esto siempre se ha enseñado así”— aparece una tensión evidente:
Jesús no habla como fundador de una religión.
Habla como alguien que despierta conciencia, confronta sistemas y libera a las personas del peso espiritual que otros les habían impuesto.
Y aquí vale aclarar algo desde el inicio:
Cuestionar la religión no es atacar a Dios.
Cuestionar el cristianismo institucional no es negar a Jesús.
De hecho, muchas veces es exactamente lo contrario.