La Pascua que Dios diseñó no es la que celebras hoy — y vale la pena ver la diferencia
Una línea de dos mil años que empezó con sangre en una puerta y terminó con un conejo de chocolate
Hay algo que pasa muy seguido dentro del mundo cristiano y que vale la pena nombrarlo con honestidad.
El mismo creyente que señala con rapidez las prácticas de otra persona — su estilo de vida, sus costumbres, las fiestas que celebra, los rituales de su cultura — es con frecuencia el mismo que no ha revisado nunca de dónde vienen sus propios ritos. Los que considera sagrados. Los que defiende como "verdad bíblica." Los que celebra cada año sin preguntar.
No lo digo como ataque. Lo digo como observación honesta de algo que está documentado en la historia.
La gran mayoría de lo que hoy se practica como "cristianismo" — especialmente en las denominaciones con mayor influencia institucional — tiene raíces en decisiones de hombres, en sincretismo cultural, en concilios políticos y en mezclas con prácticas paganas que entraron siglos después del texto original. No estoy hablando de todas las denominaciones, ni de todas las personas dentro de ellas. Pero sí de la mayoría de los fundamentos que se presentan como "lo que dice la Biblia" sin que nadie haya ido a verificarlo directamente en el texto.
Y la Pascua es quizás el ejemplo más claro de eso.
No porque sea la única distorsión. Sino porque es la que mejor muestra cómo algo que Dios estableció con un propósito preciso y un texto muy claro puede ir perdiendo su forma original paso a paso — decisión por decisión — hasta llegar a ser algo completamente diferente.
El problema no son solo los símbolos comerciales. El problema es más profundo: es que la mayoría de las "iglesias" hoy celebran algo que llaman Pascua o Domingo de Resurrección, y ese algo no está fundamentado en ningún mandato de las Escrituras. Ni en el Antiguo Testamento. Ni en los evangelios. Ni en las cartas apostólicas. Ni en ningún lugar.
Y eso, curiosamente, no genera la misma indignación que otras prácticas consideradas "paganas."
Ahora sí. Vamos al texto. Con calma. Sin prisa. Sin velos.