"Y él te dará lo que tu corazón desea"
Durante años leí este versículo como una fórmula. Cuando lo leí completo, encontré algo mucho mejor.
Empiezo con algo honesto.
Hubo una época en que este versículo me hacía sentir mal.
Lo conoces. Salmo 37:4: "Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón."
Yo lo entendía así: si me alegro lo suficiente en Dios, Dios me da lo que quiero. Sencillo. Casi una transacción.
Entonces yo pedía. Y esperaba. Y muchas veces no pasaba nada.
Y como el versículo parecía una promesa automática, solo quedaba una explicación posible, y era horrible: no me deleité lo suficiente. Falla mía. Mi gozo no alcanzó el nivel. Otra vez.
Ese versículo dejó de ser un abrazo y se volvió un examen que yo reprobaba cada mes.
Si alguna vez te sentiste así, quédate conmigo un rato. Porque el problema nunca fue tu fe. El problema fue que estábamos leyendo una línea suelta, arrancada de un poema largo, y tratándola como si fuera un contrato.
Te voy a mostrar lo que encontré cuando lo leí completo. Sin palabras difíciles. Y ojo con esto: nada de lo que te diga aquí necesitas creérmelo. Todo se puede revisar gratis desde tu teléfono. De hecho, prefiero que lo revises.