El diablo no te está atacando
Lo que encontré en Santiago 4 el día que por fin lo leí completo. Y lo que me costó no haberlo leído antes.
Durante nueve años fui a la iglesia todas las noches. Y cada vez que algo me salía mal, yo sabía exactamente por qué. Ahí me lo habían enseñado, y me lo repetían con voz de autoridad:
"Eso es ataque del enemigo. No te dejes."
Y a mí esa frase me servía. Me quitaba la culpa, porque lo que pasó ya no era por algo que yo hubiera hecho mal. Me subía el ánimo, porque si el enemigo se estaba metiendo conmigo, por algo sería. Y me dejaba algo que hacer esa misma noche: orar contra eso y reprenderlo.
Lo que nunca me daba era una razón para preguntarme qué estaba haciendo yo mal.
Así perdí a los 18 años una oportunidad que tenía en las manos. Nunca me hice esa pregunta: ¿para qué, si ya sabía la respuesta? Y mientras yo reprendía, lo que de verdad estaba fallando seguía ahí, intacto.
Si tú también llevas tiempo orando contra algo que no se mueve, quédate conmigo. Porque la Biblia se hace esa misma pregunta —de dónde vienen los problemas— y la contesta en una sola línea, sin mencionar al diablo.
Hoy leemos completo el capítulo donde está esa respuesta. Y después vamos por el versículo que más parece contradecirla, el del león rugiente que anda buscando a quién devorar: resulta que la frase no termina donde yo la cortaba.
